Caños de escape
Dentro del universo del tuning, el apartado de los caños
de escape constituye todo un tema en sí misma ya
que, al margen de sus elementos estético, comienza
a primar las diversas utilidades que pueden extraerse de
él. El hecho de que un caño de escape arroje
fuego por su extremo posterior, es uno de los efectos que
más han proliferado dentro del mundo de los amantes
de los vehículos tuneados y que tiene su punto de
partida en algunas escenas contenidas en la película
“Rápido y furioso”.
El sistema que permite la expulsión de fuego por
el caño de escape es una reacción tìpica
que se genera cuando entra en combustión el combustible
que está empleando el vehículo. El procedimiento
se lleva a la práctica a través de un interruptor.
Cuando el conductor acelera el coche a un promedio de tres
mil rpm (revoluciones por minuto) y, al mismo tiempo, ejerce
presión sobre el mentado interruptor, al pasar nada
más que tres segundos obtendrá el efecto deseado.
La tensión acumulada en el coche se interrumpe y
es trasladada a otra bobina encargada de producir gases
en estado crudo que salen expelidos por el caño de
escape. Dichos gases se encienden a través del accionar
de una bujía.
Cuando el caño de escape es sometido a esa prueba
lo que en realidad se está provocando es una suerte
de falla o error para que los gases sean disparados hacia
el exterior en un estado muy crudo. Como respuesta a ese
proceso, el coche siempre va a tender a ahogarse, apagarse.
Para lograr el efecto reseñado, los especialistas
recomiendan llevar adelante el proceso cuando el coche está
en marcha ya que, de esa forma, tendrá menos riesgo
de apagarse y, además, el efecto de fuego brotando
del interior del caño de escape prevalecerá
por más tiempo.
Para poder producir ese efecto sobre el caño de
escape, el usuario o aficionado necesita contar con una
bujía comúnmente llamada “de pata larga”,
una bobina de encendido, un relé de cinco patas,
algunos metros de cable del número 14 y, finalmente,
un pulsador de dos contactos. |